Capítulo 32. El tercer día
—¿Crees que treinta días bastan para borrar cientos de noches que desperdiciaste, Dominic?
Las palabras de Avery rompieron el silencio del vestíbulo de su oficina. Estaba de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho, intentando reforzar el muro defensivo que comenzaba a resquebrajarse. Frente a ella, Dominic permanecía erguido. No llevaba armas, no estaba rodeado de guardaespaldas como una sombra de muerte, sino que sostenía una pequeña caja de terciopelo color burdeos.
Dominic dio un paso al