Christopher.
Meto el acelerador a fondo, haciendo que las llantas rujan contra el asfalto. James está de copiloto a mi lado intentando calmarme mientras su atención está fija en mi celular y en las actualizaciones de Derek. Me mintió. Me dolió verla tan pálima en la mañana, pero no estaba enferma; estaba planeando meterse en la boca del lobo. Sola. Y esa certeza es suficiente para desatar el mismísimo infierno dentro de mí.
Cuando el imponente portón de hierro de la propiedad de Beatrice aparec