Alana.
—¿Qué dijiste? —pregunta Beatrice con la voz muy baja.
—Lo que escuchaste —sostengo la mirada, metiendo una mano en el bolsillo de mi chaqueta con disimulo. Con el pulgar, tanteo a ciegas la pantalla de mi teléfono y presiono el botón lateral. Dos toques rápidos. Sé que la aplicación de grabación se acaba de activar—. Y no solo eso, Beatrice. ¿No te bastó con Elodie? Aunque ella fue apenas la punta del iceberg, ¿cierto? Hablemos de Clementine. ¿Cómo pudiste hacerle eso a tu propia herman