Alana.
La decisión ya está tomada en mi cabeza, fría y calculada. Por eso, en cuanto abro los ojos y veo los primeros rayos de luz colarse por las cortinas de nuestra habitación, sé que tengo que empezar a actuar de inmediato.
Christopher no está a mi lado; el eco lejano de unas risitas infantiles y el olor a café subiendo desde la cocina me indican que ya está abajo con las niñas. Hoy se va temprano a la oficina. El juicio contra esa mujer está a solo una semana y el bufete es un hervidero de