Alana.
Hay pequeñas victorias que se sienten como haber conquistado el mundo entero.
Estamos las tres sentadas sobre la alfombra del salón, rodeadas de bloques de construcción de colores. Marjorie intenta armar una torre gigante que desafía las leyes de la gravedad y Vivian la observa fijamente con una sonrisa. De pronto, estira su manita, toca mi rodilla y, con una voz diminuta que apenas parece un soplido, susurra:
—Lana... bloque.
Me quedo muy quieta. Marjorie suelta un grito ahogado y su t