Alana.
Me acomodo el blazer salmón frente al espejo. Es un conjunto más que apropiado y le agradezco internamente a Marie que lo haya conseguido; no tenía nada formal para ir a servicios sociales, pero tampoco quería lucir como una de esas figuras inalcanzables que intimidan a los niños.
¿Hace cuánto fue la última vez que pisé una oficina de asistencia social? Demasiado tiempo. No voy a mentir: siento ansiedad. Entre los recuerdos que amenazan con salir a flote y la inesperada conversación —o