Leonardo tuvo que parpadear varias veces para orientarse, porque las palabras de Reynolds le cayeron encima como un balde de agua fría. Su jefe de seguridad mantuvo las manos en la espalda, el rostro firme y un silencio ensordecedor. Mientras tanto, Leonardo no se contuvo y se levantó de la silla, golpeando una mano en el escritorio.
—¿Quieres decir que Alessa está desprotegida ahora? —siseó lentamente cada palabra.
Reynolds vaciló.
—Eso no fue lo que dije.
—¡Es exactamente lo que significa eso