¿Alejarse del señor Gold? ¿De ese... narcisista con manos grandes y lengua salaz?
¡Pero si apenas la cosa se ponía buena!
—Profesora Sprout, si al caso vamos...
Su teléfono volvió a sonar y ya no le importó nada. Suficiente. Sprout la vio correr hacia la barra de la cocina con mucha sospecha.
—¿Qué? —siseó Alessa en cuanto contestó la llamada.
—Te ordené: Aquí. Temprano.
Tsk. Había acertado.
—Mire, señor, este no es el momento para sus sermones.
—Te lo dejé muy claro: soy tu jefe, tú me pertenec