Emmanuel entró en el cuarto con una expresión de angustia que no podía disimular. Se detuvo frente a Aleron, como si necesitara reunir valor antes de darle la noticia.
—Majestad, ya descubrimos qué pasó con el incendio en los cuartos de los sirvientes —informó, sin atreverse a sostenerle la mirada—. Nadie intentó hacerle daño a la señorita Snow. Fue…
Intentó continuar varias veces, pero las palabras no le salían. Abría la boca y volvía a callarse, cada vez más incómodo. Aleron contuvo la rabia