32| Alex.
Gabriela tenía una mirada amenazante sobre mí, mi esposa me miraba como si quisiera matarme, sosteniendo una carta en las manos y con el abrecartas la abrió, y a pesar de que leía su interior, de vez en cuando levantaba sus ojos para clavarlos en los míos, como si quisiera notar en mí alguna felicidad por volver a ver a Ana Laura. Pero yo estaba tan nervioso que incluso tenía ganas de vomitar.
—Se están tardando, ¿no crees? —dijo mi abuelo, pero mi hermano Xavier se encogió de hombros.
—La cita