Dejé toda la parte técnica y legal a mi abogado. Mejor dicho, al abogado de Transportes Imperio.
Federico lo había contratado específicamente para eso esa mañana. Después de terminar de ayudar a los trillizos para ir a la escuela, me dirigí a la empresa y lo primero que me encontré en la entrada fue a Raúl, con un gran ramo de rosas.
Me las dio y luego me dio un abrazo, levantándome del suelo.
—Felicidades —me dijo, dándome un sonoro beso en la cien—. Te despreciaron, te humillaron, te echaro