—Sí, señor, nacido y criado.
—No hueles como un errante. —comenté.
—Jorge convirtió el club de playa en una pequeña manada, así que supongo que me salgo con la mía por un tecnicismo. —levantó los dedos en el aire, haciendo un movimiento de comillas con ambas manos.
—Entonces, ¿qué hay con el sombrero... y el silbato? —estaba más intrigada por el silbato que por el sombrero, y como parecía relajado con las preguntas... quería seguir haciéndolas.
El club de playa estaba ubicado en una de las parte