– No… puedo… respirar…– le acuse.
– ¡Mi niña volviste! – grito encantada que me hizo daño en los oídos.
– Y tú también… ¿Que fue todo eso?
– Tenía que darte tu bienvenida… ¿En qué pensabas? – indago ella con una sonrisa burlona y sacudiendo su cabello rubio que caía sobre sus hombros, miré sus ojos azules temerosa de que algo hubiera cambiado en ella y no encontré nada, era la misma mirada dulce de mi hermana.
– En nada.
– Que gusto volver a verte – me abraza con ternura y yo le devuelvo el abr