El rojo tiñó los bordes de la visión de Jasha todo el camino hasta el garaje donde casi patea la luz trasera del preciado Bugatti de Patrick.
Descansando sus puños cerrados en el techo de su propio Turbo, tomó respiraciones purificadoras para expulsar los humos de su ira nociva.
Se imaginó su ira como un viejo termómetro de mercurio, descendiendo hasta su estómago, saliendo a través de sus pies.
Patrick no tenía idea de lo cerca que había estado de ahogarse en la piscina de Simón.
Jasha apartó