Karerina llamó a la puerta de madera encurtida de la cabaña dos. Había enviado a los niños a dar una vuelta por la isla a propósito para que las dos damas pudieran pasar un tiempo a solas. Había algunas cosas que necesitaba saber de Victoria, y la mejor manera de hacerlo era a través del sol, la diversión y mucho alcohol. Victoria podía ponerse bastante habladora cuando le daban bebidas.
—¡Voy! —escuchó a Victoria gritar desde algún lugar adentro.
La puerta se abrió y allí estaba ella, ataviada