Todo iba encajando de tal manera que Karerina no podía creer su suerte. Era como si el mundo quisiera que ella completara su venganza contra la familia Simón, y el karma venía detrás de ella barriendo cualquier huella o rastro de su conspiración.
Por mucho que despreciara a Patrick Vivaldi, él se estaba convirtiendo en el chivo expiatorio de sus sueños. Cualquiera que golpeara a su esposa era basura a los ojos de Karerina, y aunque ella tampoco podía soportar a Nancy, creía que ninguna mujer de