Desde el momento en que aterrizaron en Nueva York, Jasha sintió la siniestra opresión tirando de él por todos lados. Las profundidades turbulentas y hirvientes del peligro lo inundaron a su alrededor, amenazando con convertirse en una ebullición chillona.
Ese vórtice quería devorar la isla de seguridad y luz que había arrancado a duras penas a base de situaciones forzadas, ultimátum y votos escritos con sangre.
Pintando su semblante bien ensayado, frío y calculador, respiró por última vez pre