—¿Hasta cuándo me piensas tener acá? —La voz de Gemma mantenía un aura de curiosidad a pesar de estar en un estado nervioso.
Estaba atada en cada tobillo con un aro de metal con una cuerda del mismo material que se conectaba con la pata metalizada de una cama. La misma tenía un colchón y sábanas pulcras con almohadas envueltas en tela azul celeste.
—No tengas miedo. —Riccardo Moretti se puso de cuclillas delante de ella, acariciando de forma delicada su mejilla derecha.— Créeme que estás a