De nuevo los gritos, le hago señas con las manos porque me las ha dejado libres, él suelta su agarre y camina hacia la cocina para sacar un cuchillo.
Todas mis alarmas se encienden de repente. —¿Qué haces? —siseo. Se acerca lo suficiente para que solo yo pueda escuchar. Aunque, no sé para qué, si aquí solo estamos los dos.
—Se activó la alarma de seguridad, —dice. —La mujer viene acompañada de tres hombres armados. —Saca el teléfono y me muestra el vídeo de la cámara que está en la entrada.
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