Lilianne forcejeó con el cinturón de seguridad.
El pecho le dolía horrores porque la cinta se le había clavado con violencia.
Abrió el seguro de las puertas y vio a Douglas sacar a las gemelas de sus asientos especiales.
Lilianne se quitó los tacones y bajó descalza a la carretera.
Estaba mareada y la cabeza le pulsaba terriblemente, pero la adrenalina continuaba bombeando por sus venas y la impulsaba a no detenerse.
—Dame una...
—¡Yo puedo con las dos! ¡Corre al auto blindado! ¡Ve, ve!
Douglas