NATHALIE
—¡No! —grité presa del pánico, con el corazón destrozado. Lo vi caer, vi su cuerpo terminar en el suelo como si fuera un simple bulto; todo pasaba en cámara lenta, su cabeza rebotó contra el pavimento, no puede ser verdad, ¡Damián! Grita mi mente, pero mi cuerpo no se mueve ni un centímetro.
—¡Llamen a una ambulancia! —Escucho voces, pero yo sigo en el pavimento; las lágrimas recorren todo mi rostro, pero mis hijos reaccionan; sé que quieren que él esté bien, tiene que estar bien.
—Que