Cuando Camil tomo la silla Derek y salieron del parque él pensó que tal vez ya era hora de regresar a casa, aunque tenía el ceño fruncido por andar en pose de gruñón amargado que era lo que lo caracterizaba no pudo evitar por dentro sentir un pesar, ya que hacía años que no se tomaba el tiempo de apreciar ese tipo de interacciones, y mucho menos observar las aves o la forma de las nubes, pero una vez más su querida