—- Siempre tienes que hacer la reverencia, soy tu propietario, tenlo siempre en cuenta — me dijo.
— Si es magestad, lo tendré en cuenta — le respondi.
—- Ahora vístete y acompáñame, eres mi asistente personal y siempre tienes que estar junto a mi — comentó.
Me vesti sin importarme que el Sultan estuviera delante mirandome con lujuria. Una vez que estaba preparada, me puso un velo en la cara, porque aunque fuera su puta, nadie podía ver mi cara ni mi pelo. Nos fuimos del dormitorio hacia una esp