158/ Una Peligrosa Fiesta

El segundo día, escuche abrirse la puerta del calabozo entrando uno de los sicarios, dejando una bandeja con un trozo de pan, agua y algunas verduras, marchando en cuanto dejó la bandeja en el suelo. Como pude bajé de la cama, me senté en el suelo para comer algo de aquello que llevaba la bandeja que aunque no estaba bueno, yo tenía hambre y pensando en mi bebe sabía que tenía que alimentarme. Estuve todo el dia sentada en aquel asqueroso colchón, pero nadie vino a molestarme, hasta que por la
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