- No puedes dejar entrar a cualquiera por más que diga eso- digo malhumorado.
- Lo lamento, señor. Creí que...
- Estás despedido- oprimo el último piso antes de entrar y girar. Veo como se cierran las puertas dejando al hombre en blanco.
Mi paciencia tiene un limite y este lo alcanzó.
- Cariño, al fin te veo- la mirada se le ilumina al verme entrar a mi oficina.
- No debiste venir y decir mentiras- menciono deteniéndome atrás de mi silla.
Veo a la rubia sonreír traviesamente y exhalo con pesade