Siento el fuerte aroma del alcohol y arrugo la nariz antes de dar un manotazo.
- Auch, tonta- se queja la enfermera.
- Que mal educada para ser enfermera- murmuro abriendo los ojos lentamente.
- Será porque no lo soy- responde ella. La enfoco bien y me doy cuenta que es Joseline.
- ¡¡Amiga!!- exclamo feliz y ella ríe.
- Vaya, al meno uno de los dos ya reaccionó- menciona.
- ¿Sebastián sigue inconsciente?- mi pulso se acelera y lo sé por la máquina que emite un pitido a mi lado.
- Oye, cálmate.