A William le pareció una eternidad llegar al fin de semana. Y lo más difícil había sido seguir su propio plan. Estaba demasiado ansioso y su novia no tardaría en darse cuenta.
—¿Seguro que quieres que te acompañe? —había pregunta Mónica cuando él la invitó a ir a Christchurch a reunirse con un cliente.
—No tengo ninguna duda. Te prometo que no tardaremos demasiado y luego podremos ir a dar un paseo antes de volver a Tauranga.
—Está bien —aceptó ella. William dejó salir un suspiro de alivio.