—Tus costillas sanaron a la perfección —dijo el doctor mirando la radiografía en sus manos—. Así que está es nuestra última cita.
Ezio sonrió ante las palabras del doctor, había esperado por ellas desde el día que salió del hospital y cada día se había hecho una eternidad. Aunque si lo veía en retrospectiva, no parecía tanto ahora que había llegado al final.
—Gracias por todo, doctor —dijo.
Se levantó y le ofreció la mano.
—No hay de qué. Envíele mis saludos a su novia y asegúrese de agrade