40. Regresó de Darío
Naylea
Me adentro a mi antigua oficina y mi cerebro no le da credibilidad a lo que mis ojos están viendo, está todo sucio y desorganizado, el hedor a alcohol es terrible.
Me acerco a Darío quien está de espaldas observando la gran ciudad.
—Buenas—saludo.
Este al escucharme se espanta y se gira para asegurarse de lo que acaba de oír.
—Hola Naylea—contesta—hasta que comprendes que necesitas el trabajo, menos mal lo hiciste a tiempo, por poco le doy tu puesto a otra—dice este con cierto tono de