PDV: Viena
Aunque batallara y dijera miles de argumentos el no paraba de ignorarme. Luego de unas largas horas de trayecto en la que me había quedado dormida, escuchaba su voz, así como la forma en la que tocaba mi hombro para que despertara.
—¡Hey! despierta, hemos llegado, debemos bajar para registrarnos en el hotel y de allí ir a cualquier capilla o lugar donde hagan estos trámites de la manera más rápida posible.
—No bajare, desiste de esta tonta idea, aunque nos casemos sabrán que es una