Mundo ficciónIniciar sesiónPatterson:
La observaba desde donde estaba; podía ver perfectamente su sexy cuerpo desnudo. La puerta de su habitación estaba abierta y la del baño también. Su piel relucía con el brillo suave del jabón que se estaba aplicando. Estaba de espaldas a la puerta, así que solo podía verle la espalda. No se le veía la vagina, pero sí el bamboleo de sus pechos mientras se duchaba. La vista de sus nalgas era espectacular; tenía un trasero perfecto para ponerla a cuatro patas. De pronto, la esponja se le resbaló de las manos y se me fue la vista tras ella mientras se agachaba a recogerla. Dios santo, le vi la entrepierna... Me entraron unas ganas locas de lamérsela entera y de agarrarle ese trasero perfectamente redondo. Se me puso la polla dura como una piedra de solo vérsela.
Sus muslos se rozaban entre sí. Podía sentir cómo mi miembro luchaba por salir de los calzoncillos, apretándome hasta doler de lo duro que estaba. Sin hacer ruido pero a toda prisa, me metí la mano en los pantalones y me bajé la bragueta en silencio. Saqué mi polla erecta y empecé a pajaerme despacio. Cuanto más contemplaba su cuerpo desnudo, con más fuerza me la cascaba. Solté un gemido ahogado y me mordí los labios en silencio. Lo único que tenía en mente era follármela. Se giró ligeramente de lado para aclararse el jabón de las axilas.
Mis ojos seguían clavados en sus nalgas mojadas y redondas. Mi mente sucia empezó a repasar todas las posturas posibles que podíamos probar, deleitándome con sus piernas largas y sugerentes. Con la mano aún en el tronco, aceleré el ritmo imaginando mi miembro dentro de su coño empapado. Dios, le iba a dar tan duro y tan salvaje que tendría que suplicarme y gritar de puro placer. Me imaginé metiéndole la lengua en su sexo dulce y salado, devorándole todo el flujo y follándoselo a lenguetazos. Sentí un cosquilleo en los huevos y en la polla de solo pensarlo. En ese momento se giró y se quedó de frente. Dios bendito...
Qué maravilla de pechos. Eractos, firmes, redondos y espectaculares. Me moría por sopesarlos con las manos. Las areolas tenían un color rosado precioso y envolvían unos pezones perfectos, hechos para ser chupados. Bajé la mirada hacia su coño fresco, que parecía estar mirándome fijamente. Completamente depilado. Mi debilidad.
Ya se me hacía la boca agua de contemplarla desvestida. Todavía no se había dado cuenta de que la estaba espiando desde allí. Solo podía pensar en meterle mano por detrás.
Me desnudé a toda prisa, sin hacer un solo ruido, y dejé la ropa en el salón antes de volver a su cuarto. Miré el reloj de pulsera: me sobraba tiempo, Riley no iba a volver pronto.
Era hora de hacer que Kassandra se corriera en mi mano.
Avancé sigilosamente hacia el baño; ella estaba canturreando para sí misma. La cortina estaba descorrida por completo porque daba por hecho que había cerrado la puerta del baño. Cuanto más me acercaba, más me encendía. Ella seguía enjabonándose. Al verle el cuello, me pareció tan apetecible... Qué ganas de darle un bocado provocador ahí mismo.







