Capítulo 34. Felicidad desvergonzada
Dragos se echó a reír.
La gutural risa de Dragos le da ánimo a Sophia, sabe que él aún tiene barreras y ella quiere derribarlas, verlo por completo a sus pies, no para burlarse, sino para sentirse que no es la única desquiciada, sigue siendo insegura y estar segura de Dragos es su nueva obsesión.
—Mámamela Sophia —le ordenó con brusquedad.
—Pídemelo por favor —inquirió ella mientras apretaba la extensión de su falo en donde el borde de la cabeza se une, él gimió y mordió sus labios de