—Jefe…
Sebastián abrió la botella de yodo y mojó un poco de algodón, interrumpiendo mis palabras.
—Ya es tarde, mientras antes te pongas el medicamento, más rápido podrás irte a casa.
Sebastián parecía no querer que me retrasara y, de paso, que él pudiera regresar a su hogar sin más contratiempos.
—Me llevaste a casa, así que yo te ayudo con la medicina. Nos ayudamos mutuamente, no es nada complicado. No hace falta que te pongas nerviosa.
—No quiero molestarte.
No es que estuviera nerviosa, simp