Por la prisa de la mañana, había olvidado pegarlas. ¡Una lección dolorosa!
Tenía un par de zapatos bajos en el coche, esos que uso para conducir. Intenté meter el pie de nuevo en el zapato, pero en cuanto me moví, el dolor fue tan fuerte que volví a sentarme de golpe.
¡Qué dolor!
El talón estaba tan inflamado que cada paso con los tacones se sentía como una tortura.
Revisé la hora frunciendo el ceño.
Eran las ocho y media de la noche, y aún quedaban varias personas trabajando en la torre. Salir