No pude evitar reírme al escucharla.
Recordando esa anécdota, sentí la necesidad de indagar un poco más en la historia de Diana. —Con tu altura y peso, incluso si subieras diez kilos, solo estarías un poco más llenita.
—¡Veinte kilos! No, ¡cuarenta! Si llego a sentir algo por Sebastián, ¡que suba cuarenta kilos!
—¡Diana, no juegas! —le respondí, sorprendida por lo radical de su promesa.
Diana no tolera la idea de engordar. Controla su peso de manera estricta. Para ella, subir cuarenta kilos serí