Juana se estremeció al escuchar la palabra «amante». Evidentemente, no quería aceptar este hecho.
Pero la verdad era innegable.
Juana apretó los puños, mirándome con una mezcla de ira y dolor, tratando de contener sus emociones. Sus ojos se enrojecieron y, con voz temblorosa, me dijo: —Sofía, sabes que ese no es el punto.
—Lo que tú crees que es el punto no me interesa. No me importa cuál fue la relación entre Luisa López y mi padre. No trates de provocarme con eso. Pero te advierto, no permitir