Más allá de los árboles realmente había un rio. Corría pacifico entre las rocas, reflejando la gran luna el cielo, rompiendo solo por poco el silencio de la noche.
Me paré a la orilla, observando mi reflejo en el agua clara. Tarren posó una mano en mi cintura y desde atrás apoyó su mentón en mi hombro. Ignoré el olor a sangre que emanaba de sus ropas.
—Entra al agua conmigo, Cyra —me pidió en un tono suave.
Recorrí nuestro entorno con la mirada, pero Tarren negó y sonrió.
—No te preocup