—¡Perra! ¡Sal de una vez o te mataré! —gritó el hombre, sonando cada vez más cerca—. ¡Vamos zorra, ven aquí!
Entre estremecimientos me apreté contra Tarren.
—Debemos irnos —dije en voz baja, aun asustada de ese tipo—. Él no está solo. Vino a … matarme. Es el hombre del accidente...
Pero tranquilamente Tarren deshizo nuestro abrazo y me besó en la coronilla.
—Todo está bien ahora, Cyra —dijo con calma—. Ya estoy aquí, no dejaré que él se te acerque.
Lo miré, aun ansiosa por irme de all