DOS BANDOS
Esa noche, tal cual ya esperaba, Tarren no volvió para cenar. Y tampoco vino al día siguiente. Al tercer día sola en esa fortaleza vacía, rompí su orden y tras vestirme con discreción, salí de allí y fui al pueblo en busca de Makya. Arawn se había marchado prometiendo ayudarme, pero yo también debía hacer algo.

Sí el Alfa estaba averiguando sobre mi origen y el de mi apellido, yo averiguaría sobre el suyo y sobre su bella dama muerta. Y ya veríamos quien daba el jaque mate.

—Makya —la saludé
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