Cuando la puerta se cerró tras de sí, Leticia sintió que sus piernas temblaban. Se apoyó un momento en la pared del corredor, cerrando los ojos para contener el torbellino de emociones que se agitaba en su interior. El corazón le latía con fuerza, casi dolorosamente, y un escalofrío le recorrió la espalda.
Respiró hondo, enderezó los hombros y avanzó con paso firme hacia la habitación de su madre. Frente a la puerta, se permitió un segundo para recomponerse y entró con suavidad. Al ingresar, el