Se echó a reír, con las lágrimas aún cayéndole por la cara, sin saber cómo reaccionar. Yo también empecé a reírme y a dar saltos por la casa con él, cogiéndole de la suave manita, tarareando los posibles nombres que podría tener.
Después de unos quince minutos bailando como una loca, fui a buscar algo para darle de comer. De las pocas cosas que había en la despensa, opté por leche.
Era una niñera gratis para Daltro, que trabajaba mientras yo cuidaba del niño que tenía a su cargo.
Suspiré y me t