- No... ¡No puedo! Mi padre no sabe nada de esto. Está enfermo... Por favor, por favor. - Le supliqué.
- María, no estoy bromeando. - Dijo, apretando aún más la pistola contra mi cabeza.
Sin saber cómo actuar, encontré los datos de contacto de mi padre en el móvil de Theo y llamé.
- ¿Theo? ¿Cómo está?
- ¿Papá?
- ¿María Lua? - su voz mostraba preocupación.
- Ponlo en el altavoz. - ordenó Daltro.
- Lo pongo en el altavoz, papá. - le advertí antes de que pudiera dejarse engañar.
Hades apretó tanto