La celebración de nuestro matrimonio se había organizado para que fuera hasta altas horas de la noche y el que deseara quedarse lo podía hacer. El brindis, las fotos, el vals, y cada ritual de un gran matrimonio se cumplieron. A Inés, a Simón y el resto de esos célebres amigos del capo se les notaba la felicidad, sé que adoran a mi Roland como madre, hermano y amigo.
Nos sirvieron el almuerzo, mi esposo no dejaba de jugar con mi anillo de matrimonio y no dejaba de mirarse el suyo, permanecí cal