—Partamos del principio. —dije—. Nadie estaba de acuerdo con tu apresurada decisión y sabíamos que solo era cuestión de tiempo para que Alfredo reaccionara de su imbecilidad. El sábado siguiente a tu locura.
Bajó la cabeza, no voy a echarle mantequilla para decirle las vainas. Los dos son culpables, los dos escucharán mis verdades uno más que otro.
» Perdóname, pero fuiste loca y él un imbécil. En todo caso tu madre tuvo una premonición la cual compartió solo con Verónica, luego ella lo habló c