Estaba con Verónica en los establos. Hoy en la tarde era el cumpleaños de Amín, ya un año y en unos meses son los quince de mis hijos.
—¿Qué piensas, Cielo?
—En el tiempo, ese que corre de manera rápida y te engaña con que es lento. Cierro los ojos y es como si fuera ayer cuando te quedaste encerrada en una de mis fincas.
—No me quedé encerrada, tú me encerraste.
—Lo acepto. —acuné su rostro y la besé.
—¿Podrían dejar de besarse?
Dante llegó a los corrales. Con su típico hermetismo, en la mañan