Todo el cuerpo me sudaba, una corriente gélida recorría mi cuerpo de arriba abajo y me hacía sudar. Por inercia ingresé al cuarto de mi hijo donde estaba sentado en su cuna. El peluche no era gigante, tampoco pequeño, era la medida perfecta… muy lindo, por cierto; un osito beige y café con la instrumentación en la misma tela de peluche de doctor.
Me senté al lado de la cama cuna y comencé a llorar. Amín por los barandales, sacó su manito para que le entregara el peluche. El segundo regalo de su