—Más tarde me regañas.
Con una navaja me liberó de los pies y de la mano derecha, mientras les daba la espalda a los gorilas, comenzó a liberarme la mano izquierda.
» ¡Te cortaron un dedo!
Dos cosas pasaron al tiempo, mi mujer tomó el dedo y lo guardó en el momento que yo tomaba el arma que había dejado en la mesa y con la destreza que tenemos descargué dos balas en el gorila que se había levantado apuntándole a mi mujer, luego le di otro balazo al que aún estaba tirado en el piso.
—¿Qué mierda