—No te preocupes por eso, hagamos un buen trabajo, verás cuando acabemos esto, donde te sientas.
Llegamos al club, una vez ingresé Arinka me miró y supe que me tenía algo que decir. Le hice señas y trajo una cerveza, se sentó en mis piernas, me pasó un papel.
«El dueño del club de los niños está aquí, habitación trescientos.»
—Por eso me encantas, busca a Franka. —Le dije.
—Apenas estamos comenzando, te costará el doble.
—Por tu culo pago lo que sea.
En el carro tenía mi traje antibalas y el de