Subí a nuestra habitación. Verónica ya salía del baño, mis hijos ya estaban solo en pañales esperando a que los bañáramos. Miguel es el más rápido en conducir, debe estar en unos veinte minutos. Iba a decir que no podía ayudar cuando Victoria me extendió los brazos con esa sonrisa preciosa, me noqueó.
—¿Pasa algo Cielo?
—Te lo contaré en unos días, por ahora, no salgas y menos con los niños.
—¿Piensas que me voy a quedar con esa información?
—Los muchachos vienen para acá, no demoran en llegar.