—Lo que dijiste del regalo de la yegua Amentet, ¿es cierto? —Me eché a reír.
—No se imaginan lo que me divertiré viendo a esa mujer montar a esa resabiada, el nombre les quedó a penas, solo a mí, Jacinto y Duwer es a quien respeta la descarriada yegua.
—Ese momento no quiero perdérmelo. —comentó Miguel
—Será lo primero que haré, a ver si se larga y nos deja con Arnold. —Me levanté—. Esta tarde los quiero a todos cerca, está tierra Rata las tiene bajo cobertura, si nos lanzan algo, el gobierno d